Fotos de ruth fisica o quimica

Date: 15.10.2018, 15:07 / Views: 34483


Hola, Vicenta.

Perdóname.

Ya sé que me pediste que no volviera,...

...pero no he podido remediarlo.

He venido porque necesito oír antes de desaparecer para siempre...

...que es cierto que existe otro hombre.

Si eso es cierto, te juro que nunca volverás a saber más de mí.

¿Lo que dijiste es verdad?

¿Me has olvidado del todo?

¿Has puesto a otro en mi sitio?

-Bueno.

Padre Ángel.

Muchas gracias por todo.

Tendríais que dárselas a Victoria Márquez.

Adiós.

-¿Quiere tomar algo?

Le da tiempo en lo que cierro. No, gracias. Quiero descansar.

Gracias.

Lo siento. Está cerrado.

¿No han oído a la señorita? Está cerrado.

Últimamente no oímos muy bien...

...como a algunos que por mucho que se le dicen las cosas,...

...no las oyen.

Hemos venido a terminar...

...lo que dejamos a medias.

Sírvenos.

-¡Ah! -¿No has oído? ¡Que me sirvas!

¡Sujetadlo!

A ver cómo te las apañas para trabajar con una mano.

Dejadlo en paz.

Esto no volverá a suceder, señor marqués.

-He venido lo antes posible.

¿Qué requiere tanta celeridad?

¿Qué asunto?

Este asunto.

¡Santo cielo!

¿Qué ha pasado?

Pregúnteselo al padre Ángel. Pregúntele.

Él puede explicárselo todo.

¿Qué dice?

Exijo que comparezca ante un tribunal eclesiástico...

...y que reciba el castigo que merece.

Victoria.

¡Pablo!

Qué ganas tenía de verte.

¿Cuándo has llegado?

No importa, ya estoy aquí.

Estás guapísima.

¿Qué tal estás?

¿De verdad?

¿Y el niño? ¿Lo has visto?

Victoria ha sido muy impulsiva.

No debió hacer esas promesas a los mineros.

Es la dueña de la mina, puede tomar sus decisiones.

Cualquier medida que tomemos uno de nosotros, nos afecta a todos.

¿Cuánto tiempo tardarán en reivindicar mis obreros?

O los de Quiroga.

Atadlos en corto y no pasará.

¿Atar en corto?

El marido debe guiar a la esposa.

Si ese no es el caso,...

...marqués, los empresarios nos veremos obligados...

...a tomar medidas. ¿Cómo?

Esta visita no es personal.

¿Me estás amenazando? ¿Esto es una amenaza?

Porque mi mujer y mis negocios son cosa mía.

Y no voy a admitir ninguna intromisión.

Por supuesto, por supuesto.

Espero que no malinterpretes esta visita.

Hay asuntos que es mejor tratar...

...entre caballeros.

Tú mismo compartes...

...intereses...

...en los negocios de la comarca, y te interesa evitar precedentes.

Pierde cuidado, Álvaro.

Señor marqués. Señor De Viana.

Descanso dominical.

Y 50 céntimos más para cada minero, sin excepción.

Ya le he enviado el telegrama a Mister Harrington.

Muy bien.

¿Podremos asumir todas las peticiones? La situación ha cambiado.

Las peticiones de los mineros son justas.

Y se trata de estrategia.

¿Estrategia? Sí.

Si aceptamos esas concesiones, tendremos el apoyo de los obreros.

Y garantizaremos que el golpe de Estado no afectará a la producción.

Cosa que ya habrás puesto en conocimiento de los ingleses.

Sí, en el mismo telegrama.

Está claro quién ha salido a papá.

No bromees, no es fácil.

¿Por qué volviste con Gonzalo?

Porque es mi marido.

La ley está de su parte.

Estás recluida.

Ha sido peor.

No puedes seguir así. No.

Negarme a estar con él me obligaría a comportarme como su esposa.

Eres una mártir.

No, hay que pensar fríamente.

Sé que estoy atada.

Me aseguro de que la cuerda esté holgada para poder moverme.

Y encontrar una salida.

¿Qué salida?

La anulación del matrimonio.

¿Cómo? ¿Cómo lo puedes conseguir?

Ángel trata de ayudarme.

Necesito probar la implicación de Gonzalo en la muerte de papá.

De acuerdo. Tú me lo dijiste.

Sí, porque estoy seguro.

Porque todo cuadraba.

Es el único que se beneficia.

Esa no es una prueba.

No tenemos ninguna prueba.

Pero tenemos la verdad.

Eso no sirve con Gonzalo.

Todo, Victoria, dinero, prestigio.

Todo lo de los Márquez se movilizará para conseguir esa anulación.

¿Me escuchas? Sí.

Voy a conseguir esas pruebas.

Me arrepiento de haber consentido esa boda.

Lo tenemos que hacer mejor en la tuya.

¿Ya se lo has pedido a Encarna?

Es un poco deprisa.

Bueno, tenéis un hijo.

Y os queréis, ¿no?

Todavía no le has dicho nada.

Todavía no está con fuerzas.

Tienes que aclararlo.

Mira, aquí traigo al rey de la casa.

Mira a la tía...

...Victoria.

Y papá.

El marqués de Castro está en sus manos.

-No, yo dejo de estar en las suyas.

¿Qué pensabas? ¿Que yo iba a ser...

...el único que no lo sabría?

Iban a matar a ese hombre.

No me lo tienes que explicar a mí.

-¿Qué ha pasado?

-Se implicó en una pelea.

He tenido que ir al cabildo.

Tendrás que ir...

...a la prelatura.

No oculto nada.

Esto puede ser el final de tanto esfuerzo.

Vale la pena si salvó la vida de ese hombre.

Y querrán hablar de tu homilía.

Puedo responder por eso.

La soberbia no te hará mejor.

Y todo esto...

...por lo mismo de siempre.

Mis contratiempos...

...solo deberían afectarme a mí, usted no tiene que sufrir por ellos.

-No digas eso.

¿Cómo no vamos a preocuparnos?

Usted es mi madre.

El marqués paga a pistoleros que imponen su ley.

-Es un enemigo peligroso, no lo infravalores.

Debemos hacerle ver de qué lado estamos.

Debes procurar que la Iglesia...

...esté del tuyo, solo se habla de ti.

Eso no va a ayudar a tus planes, sean los que sean.

Ten mucho cuidado, el marqués no se va a parar ahí.

Tararea

Pareces contenta. -Sí, y lo estoy.

-Debe de ser un señor muy divertido.

-Mucho.

Es estupendo, fantástico, un hombre maravilloso.

Sobre todo cuando trae buenas noticias.

Creía que esto había quedado zanjado. -Yo también.

No juegues conmigo, ¿me has oído?

Lo siento.

-No te preocupes.

Con la información que consigue, podré parar los pies al marqués.

-Solo hay un modo de pararlo.

Y no será un papel el que lo haga.

-Júrame que no te acercarás a él. -Júramelo tú a mí.

-Está bien, pero déjame arreglar esto a mi manera, dame tiempo.

A mi manera, Salvador.

No te preocupes.

Ya se encarga ella.

Ludi.

Gracias.

-No, gracias.

Así está bien.

Podéis retiraros.

-Pero ¿si necesitáis cualquier cosa?

-Todo está bien, gracias.

¿Más cómoda ahora?

Por mí no deberías haberlo hecho.

No es fácil para ellos.

Para la única para la que no lo es es para ti.

¿Te he dicho que estás guapísima?

Victoria, que... bueno, ya la conoces.

No ha debido de ser fácil para ti el estar sola y tener al niño.

No estaba sola.

No me lo dijiste.

Nunca he tenido claro lo que sentías por mí.

Además, estabas con esa mujer, la italiana.

No tenía sentido.

Pero te lo pregunté, y Alejandro me mintió.

Alejandro facilitó las cosas.

Quiso casarse para protegerme.

Después de dar a luz lo detuvieron y...

...ahora no sé nada de él.

Pues no lo entiendo.

¿Por qué aceptaste su ayuda y la mía no?

Porque nunca me había sentido de esa manera.

Nadie me había tratado así.

Mira, yo agradezco lo que estáis haciendo por mí en esta casa.

Sé que es lo mejor para el niño, pero...

...no necesito caridad.

Yo me basto para sacar a un hijo adelante.

Perdóname, no quería hacerte sentir mal.

No tengo nada que perdonarte.

-"Si don Ricardo levantara la cabeza".

-Estaría curado de espantos, como todos.

Anda, se te cae la baba con ese niño.

-No se me va a caer.

Es lo único bueno que ha pasado por esta casa.

La madre ya es otro cantar.

-Tendrás que acostumbrarte.

Antes la mandabas tú.

Y ahora te manda ella.

Se caen cosas

Hala, nada, alegría.

Como sigas en esta casa, nos van a despedir.

No habrá nada que limpiar.

Bueno, anda, déjalo.

No cojas nada más.

¿A quién habrá salido?

Dios mío.

-Justo.

No puedes seguir con esa cara.

-¿Por qué?

-Porque no tiene sentido.

Es la que tengo.

-Entre Julio y yo no hay nada.

-¿Me dices que no vi lo que vi?

¿Y por qué no me contaste que volvió?

-Por evitar todo este lío.

No me crees, ¿no?

Debemos defender nuestros intereses, y por eso debemos apoyarlos.

Nos protegen a costa de su vida.

Espero que en esto estén de mi lado.

Me alegro de volver a verte, cuñado.

Acércate y cuéntanos de Barcelona, también queremos contarte algo.

¿Qué es eso que tengo que escuchar?

Hablábamos de reforzar el somatén para frenarlos.

Algunos dudan sobre de qué lado estás.

Prefiero gastar el dinero en mejorar las condiciones de los obreros...

...que pagar a pistoleros.

¿Es parte del ideario fascista?

Totalmente.

Dales hoy la mano y mañana te tomarán el brazo.

Hazles ver que su futuro está ligado al de su patria...

...y que cuanto mayor sea, mayor será el suyo.

Esas son las ideas que nos han llevado a esta situación.

Tus métodos son el pasado.

Es posible.

A lo mejor hay que volver al pasado, la decencia estaba en cada casa.

No creo que seas el más indicado para hablar de decencia.

¿Y tú?

Has metido en tu casa a tu querida y a su bastardo.

¿Eh?

Ten cuidado con lo que dices.

Eso si se puede saber quién es el padre.

¡Te lo dije y te lo repito!

Si le haces daño a mi hermana o a alguno de los míos, te mato.

Eres un indeseable.

Y nadie que trate contigo es mejor que tú.

¿Y si me corto por aquí y me dejo el flequillo a lo "garçon"?.

-Me importa un bledo.

-Debería importarte, es la recepción de tu nombramiento, y del mío.

Si eres el delegado, soy la delegada.

-Perdón.

-El señor marqués.

Qué sorpresa.

Gonzalo, hay que tutearse.

Cada día estás más bella.

¿Sí? -¿Qué te trae por aquí?

Aparte de felicitarte,...

...un asunto que me gustaría tratar ya.

Querida, por favor.

-Ah, pues os dejo.

¿Qué tal Victoria? ¿Sigue enferma?

Está bien, le llevaré tu saludo.

-Por favor.

Gracias.

Señor delegado del Gobierno.

Te pediría que no perdiésemos el tiempo.

Mis hombres han sido atacados por ese cura y su amigo.

No me lo han contado así.

¿Cómo te lo diría...

...para seguir siendo claro contigo?

No me importa lo que te han dicho ni lo que pienses.

Eloy dice que ese hombre le suena.

Han herido a uno de mis hombres y tienen que pagar, ¿no?

¿No te parece justo?

Sí.

Quiero que delante de ti ese hombre reconozca a su atacantes.

Y que los detengas.

Hay que hablar con la Guardia Civil y un juez.

La autoridad eres tú.

Cuando el testigo los reconozca...

...los detienes, lo del juez...

...vendrá luego, ya lo solucionaremos.

Hugo.

¿Y el obispo?

Ángel es sacerdote.

¿Y? Eso no te hará ser más blando, ¿no?

No, la justicia es igual para todos.

-Gonzalo,...

...dile a Victoria que sin ella la recepción no sería lo mismo.

Y será en el casino.

Las mujeres lo vemos en estos casos.

Aunque Victoria ya ha estado.

Estaremos los dos, estará todo el mundo.

Isabel.

-¿Qué?

"Pater".

Desde que dijo misa no ha vuelto a ensuciarse las manos trabajando.

Bueno, sin contar lo de la otra noche.

No me enorgullezco de lo que pasó, y tú tampoco deberías.

Defendimos al débil, y los hombres pierden el miedo.

La violencia trae violencia. Y la defensa,...

...la dignidad.

Hay otros caminos.

Cercanos a Dios y no reñidos con la dignidad.

Dios no parece darse mucha cuenta de lo que pasa por aquí.

Crees que has solucionado algo, y sólo lo has empeorado.

El marqués no se estará quieto.

Y los hombres ahora tampoco.

¿Quién eres, Ventura?

Lo que vi el otro día no eran la formas de un herrero.

¿No te gusta cómo trabajo?

No me gusta que cada vez que hablo contigo te alejas más de Dios.

Ay, qué lindo es.

Es igualito que su padre.

Se parece...

...a su madre también.

-Está abrigado.

¿Le quito ropa? -Qué va.

No le quites nada.

-Tiene que criarse al aire.

Pablo, ven.

Ven, acércate.

La mina puede esperar.

-No es bueno acostumbrase a lo que no va a ser de uno.

Es preciosa.

-Es una tontería, en algo tengo que pasar el tiempo.

-Es para Alicia.

-Sí, se ha roto la que tenía.

-Estás muy enamorado de ella, ¿no?

-Anda, trae, qué sabrás tú de mí.

Como aprietes tanto, los vas a desgastar.

-Vicenta me dijo que cuanto más, mejor.

-Me recuerdas a ella enfadada.

¿Qué? ¿Te gusta este trabajo?

-Es un buen trabajo, al menos tan bueno como los otros.

-Oye.

¿Por qué no me ayudas a podar los árboles?

¿Eh?

-Me cambio en un momento y vengo.

En esta casa no tienes por qué lavar la ropa.

Son mis cosas y las del niño, cómo no voy a hacerlo yo.

Vengo a darte una buena noticia.

Tengo noticias de Alejandro.

¿Está bien?

He hablado con el director del penal, está bien.

Nadie está bien en el penal.

Ha prometido que no le faltará nada de lo necesario.

¿Y lo crees?

Al menos...

...nos informará cada poco, mientras encuentro el modo de sacarlo.

Te lo prometo.

Gracias.

Gracias.

Pablo.

¿Por qué haces todo esto?

Por todos.

Siempre acabas...

...sorprendiéndome.

Un ataque por sorpresa es la mejor defensa.

¿Has venido a hablarme de una guerra?

Más bien de un armisticio.

Tengo prisa.

Espero que sea importante como para venir a mi casa.

Antes de morir, Catalina habló conmigo.

No me importa lo que te dijo.

Catalina era inestable, lo demostró con su muerte.

Pero coincide con las pruebas que he encontrado.

No, sé cuándo juegas de farol.

Los documentos...

...están en manos de un abogado, los hará públicos cuando se lo pida.

O si me ocurre algo malo, como a Catalina.

¿Qué quieres?

Nadie sabrá nada si dejas en paz mi negocio y te alejas de Salvador.

(RIENDO) ¿Un chantaje?

Un pacto, algo que suelen hacer los caballeros.

Ya, pero no las rameras.

Ni los advenedizos, los dos nos arriesgamos.

Fuera.

Léelo con atención.

Espero que el inglés...

...no sea un problema para ti.

Siento mucho que hayas tenido que ver esto.

Alguien tiene que darme lo que mi esposa me niega.

No esperaba menos de ti.

Voy a pedir que me suban la comida, espero que no te moleste.

Es la avenida más ancha del mundo, llena de teatros y de cafés.

Y coches, hay más que en toda España.

-¿De verdad?

¿Y hay cines?

-Es la ciudad de los cines.

-Ay.

-Gente...

...de todos los países: españoles,...

...italianos, rusos, y hasta indios.

-¿Indios? ¿De la India? ¿Con turbante?

-Huy.

Virgen santa.

-Aunque...

...como esta comida, nada.

-Otra copita.

-¿Qué haces tú aquí?

-Perdona, Vicenta, he sido yo quien le ha convidado.

Las sobras de la comida.

-Las sobras para los corrales, que ya tenemos bastante.

-Está bien, tienes razón.

Ahora voy a ello.

-No te enfades con Adelina.

Yo estaba en la cantina.

Y la chica me dio un cuartillo de azúcar, es mi culpa.

-Si solo tuvieras la culpa de eso.

-¿Qué quieres decir?

-Que por tu culpa Justo está enfadado conmigo.

Piensa que hay algo entre nosotros.

¿Qué?

-Nada, que a mí me pasa como a Justo.

También pensaba que había algo.

-Justo y yo nos vamos a casar.

Te lo dije el otro día y te lo repito.

No sé por qué has vuelto, Julio, no lo sé.

Creí que te lo había dejado bien claro.

-Tú siempre has sido una mujer muy clara.

Gracias.

-Eso pensaba yo hasta ahora.

¿Así?

-Te dije que un poco más.

-¿Más? -Sí.

Es la moda, el año que viene iremos así.

-Y dentro de cinco, desnudas.

-Ni Victoria irá tan atrevida.

No debería haberla nombrado.

-No tengo nada contra la marquesa.

-Me da miedo pensar en tener hijos.

Estoy tan feliz, que pensar que me pase lo que a ti.

¿Salvador te cuenta...

...algo de esa?

-Salvador es un hombre.

Y los hombres cuentan poco, sobre todo a su madre.

-Es verdad, supongo que cada una tenemos nuestra cruz.

-Desde luego.

-Hoy el marqués vino a visitarnos.

Vino a pedirle un favor a Hugo.

Estaba furioso por la trifulca en la taberna.

Quería mano dura con ellos.

Al marqués no se le puede negar.

Espero que tu hijo salga bien parado.

Ya basta con que la Iglesia quede mal.

¡Ay! -Perdón.

Ha sido sin querer.

Te sorprenderá esta visita.

Cualquier visita lo es, pero esta es agradable.

Siéntate.

¿Imaginas de lo que quiero hablarte?

De Victoria.

Escucha.

Aprobaré cualquier paso que tomes para anular su matrimonio.

No es un caso fácil, no es solo cuestión de recursos.

Ese hombre mandó asesinar a mi padre.

Estoy seguro.

¿Qué más sabes?

¿Qué sabes? Dímelo.

A veces lo que sabemos solo podemos compartirlo con Dios.

¿Cómo se puede ser tan retorcido?

Hay que hacer que esté ajeno a todo.

¿Crees que podremos?

Necesitamos pruebas.

El abogado de la familia está camino de Inglaterra.

Y no dejará una piedra sin mover hasta encontrarlas.

Hay mucho que hacer aquí.

La Iglesia se mueve lentamente.

Mantengámonos informados.

Y pídeme cualquier cosa, lo que necesites.

Somos los culpables de que se casara con él.

Era tan fácil lo que deberíamos haber hecho para ser felices.

¿Cómo nos pudimos equivocar tanto?

Puerta

-Señorito, ¿qué le trae por aquí? -Hola, Amalia.

-¿Se encuentra bien? -Sí.

-¿No le has puesto nada más? ¿Quiere tomar algo?

-No, ya me iba, muchas gracias.

Seguimos hablando.

Adiós.

-Adiós.

Dime.

La marquesa pasó la mañana en casa Márquez, por la tarde no salió.

¿Alguna visita?

Mientras estuvo ella, solo cruzó la verja el carnicero.

¿Has averiguado quién es el que estuvo en la refriega?

No, pero he visto esa cara antes.

Sigue dándole vueltas.

Quiero saber con quién se codea el cura.

Habría una manera más fácil de arreglar este asunto.

Ese cura se mueve demasiado, incluso de noche, en zonas peligrosas.

Una orden suya y...

No.

Desearía con toda mi alma ver a ese cura muerto.

Pero sigue el camino que parece más fácil, es el más peligroso.

Yo tengo paciencia, sé esperar el momento justo.

Pero, señor...

Como usted diga.

¿Has llevado el recado a monseñor?

Sí, como usted dispuso.

Bien.

Veamos si la Iglesia cumple con su parte del trato.

No me gusta eso que cuentas. -El marqués no iba a quedarse quieto.

-A ese debemos pararle los pies.

-Ya me dirás cómo, va protegido.

-No me preocupa el marqués.

Cómo conseguir dinero para la causa me preocupa.

-Tendrás que pedírselo a él. -Y que lo digas.

Cada vez que voy a sus casas... -¿A qué vas a sus casas?

-A ayudar a mi primo, les arreglo de todo.

Mañana voy a la de los Márquez, ahí sí hay.

-Me voy a quedar sin trabajo, ¿te echo una mano?

-Hombre, trabajo para los dos no hay.

-Si quieres trabajo, te doy el mío y me voy con Salvador.

-Salvador.

Te lo he dejado donde siempre.

-Gracias.

Venga, Vicentiña, vamos a tomar una infusión.

-Hola.

¿Lo has visto?

-Se le pasará.

-Entonces a lo mejor no quiero yo.

-A ver quién es más burro.

-¿Burro? ¿Y tú? Hablando como si nada con Julio.

-Es que tú tenías razón.

Ese hombre, por difícil que sea, siempre tiene algo bonito que contar.

No es como Justo.

-Pues no, no lo es.

-No, ya, bueno, quiero decir que Justo no es tan alegre.

Será todo lo para adentro que quieras, pero no es tonto.

Y si le quieres, se dará cuenta.

Porque le quieres, ¿no?

-Pues claro, ¿a quién si no?

-Ya.

Ronquidos

Ronca

Lo que le faltaba a esta.

-Está agotada de trabajar.

-Lo que tiene que hacer.

-Algún día me contarás qué te pasa con ella.

-Mi niña, buen trabajo.

Ronca

¿Qué pasa?

Hola.

Qué guapo eres.

Hola.

Llora

No, por favor.

Llora

No le he hecho nada. Déjame.

Es que tiene hambre.

Ya, ya, ya.

¿Tienes hambre? ¿Sí? ¿Tienes hambre?

Llora

Os dejo solos.

Pablo, es tu hijo.

Puedes quedarte a ver cómo come.

A ver.

Este niño, que va a comer.

Así.

Así.

¿Reza, madre?

Rezo por mis hijos.

Este libro era de padre, ¿por qué lo ha sacado?

Llevo toda la tarde pensando en él.

¿Qué hicimos mal con vosotros?

Padre y usted no hicieron nada mal.

¿A qué vino el señorito Márquez?

Teníamos asuntos que tratar.

Pablo es un buen hombre.

Enderezará su camino.

¿Y tú? ¿Lo conseguirás tú?

¿Va a empezar usted como don Enrique?

Solo veo el peligro donde a ti la prudencia no te alcanza.

Está preocupada por lo de mañana, y no debería estarlo.

Yo asumo mis responsabilidades sin miedo.

Pues a veces hay que tener miedo.

El marqués estuvo hoy en casa de los Viana.

Tendrá mano dura con todos los que participaron en la trifulca.

Contra todos.

Respondo ante alguien que está por encima del marqués.

Yo sólo respondo ante Dios.

Por eso rezaba.

Protégelo, Señor, que el sacrificio de estos años no se pierda.

Mantenlo cerca de ti,...

...fiel a tu servicio y a tu gloria.

-"Entonces,..."

...¿asume los hechos?

Actué movido por las circunstancias.

-¿Justifica enfrentarse...

...a unos hombres de bien por facilitar la huida a un subversivo?

Intervine para salvar a un hombre.

Y volvería a hacerlo.

Esos hombres son pistoleros...

...a las órdenes del marqués, no suponen seguridad.

-Silencio.

¿Quiere convencernos de que el marqués tiene la culpa?

¿Acaso no es él un buen cristiano?

¿No ha socorrido a la Iglesia?

Es impensable...

...que un hombre de fe...

...use puños en lugar de palabras.

¿Es eso...

...lo que ha aprendido de Nuestro Señor?

-Vamos, vamos.

Quizá estamos llevando lejos algo que no es complicado.

¿No creen?

Al menos...

...esa es la opinión de Su Reverendísima Excelencia.

Porque nos consta que este sacerdote...

...es un hombre de fe que no tendrá inconveniente en comparecer...

...en un acto de contrición público.

Y pedirá perdón al hombre herido y al marqués.

Y colaborará con la justicia...

...denunciando a los participantes...

...y pidiendo clemencia.

Me acusaré...

...y asumiré mi culpa.

Pero no llevaré el dolor a sus familias denunciándolos.

Y pediré perdón al hombre herido.

Y aceptaré cualquier penitencia.

Pero no tengo ninguna deuda pendiente con el marqués de Castro.

Pedir perdón...

...no es una humillación para un hombre de Dios.

Puede decirse que prácticamente es su ser.

Pensé que en eso estaríamos de acuerdo.

Lo estamos.

Pedirás perdón al marqués por tu soberbia, y porque la Iglesia...

...es una jerarquía, y tus superiores pueden tener razones que no alcances.

Y que quizá no debas comprender.

Siempre me sorprende tu valentía.

Bueno.

Cuanto mayor es el peligro, más valientes nos hacemos, ¿no?

Sé que visitaste a mi marido.

No es agradable que una esposa se entere de estas cosas.

No sé qué decirte.

Alicia, no me trates como si fuera estúpida.

Ni tú ni yo nos merecemos esto.

Sé que hablaste con Gonzalo.

Y que ahora no le frecuentas como antes.

Sé que le diste un documento.

Y sé por los criados que visitaste a Catalina el día en que murió.

¿Qué quieres de mí?

Tu ayuda.

¿Por qué?

Convivo con el asesino de mi padre, y tú lo sabes.

No sé cómo puedo ayudarte.

Dime lo que sabes.

Dime lo que te dijo Catalina.

Lo que decía ese papel.

Algo para demostrar que es un asesino.

O al menos dime que él no pudo hacerlo.

Váyase, señora marquesa, no puedo ayudarla.

Tienes miedo.

Es eso, ¿no?

Creí que eras la única que se libraría de él.

Me parece que aún no conoces a tu marido.

Nadie se libra de su influencia.

Ni siquiera los sacerdotes.

Ángel. No sabes con quién te has casado.

A ver cómo han quedado esos cubiertos.

-Algunos necesitan repaso.

-A ti te vamos a tener que dar un repaso.

-Te prometo que con un poco más... -¡Oh!

-¿Qué más querías?

-Brillan más que el tesoro de Alí Babá.

-Por fin sabes algo que hacer.

-No habrás perdido ninguno, ¿no?

Cada pieza vale un ojo de la cara. -Toma.

Empieza por aquí y sigue con las fuentes.

Hola.

-Rosalía, hoy toca revisar el pozo.

Vamos, ¿qué haces esperando?

-Vale.

(SUSURRANDO) ¿Está dormido?

No hace falta que hables tan bajo.

Le cuesta dormirse, pero no hay quien lo despierte.

¿En qué piensas?

En el futuro.

En qué mundo vivirá nuestro hijo.

Me gustaría que el mejor posible.

Aunque para ti y para mí la idea de lo mejor sea diferente.

¿Por qué dices eso?

Tú y yo nunca pensaremos igual.

Yo no lo veo así.

De hecho pienso que el fascismo es socialismo.

Solo que dirigido por un líder que busca lo mejor para su patria.

La patria del obrero son los obreros del mundo.

Eso son palabras.

¿Olvidando sus costumbres, su religión, serán más felices?

Aquí y en Barcelona siempre he visto a los mismos muertos de hambre.

Y los que hablan de la Iglesia, con los bolsillos llenos.

Debiste venir a Roma.

Trae, anda, que se te va a caer.

Ay.

Quién me iba a decir que cosería una camisa fascista.

¿No te gusta el negro?

No me lo pondré nunca, aunque se muera la persona que más quiero.

Pues es bien elegante.

-Pablo.

Este hombre viene a arreglar el muro.

¿Te traigo una camisa?

-No, gracias, todo está bien.

Vamos a ver ese muro.

Yo soy Pablo Márquez.

-Me llamo Ventura.

-Mucho gusto.

Habría que tapar esas grietas de la esquina.

-Ajá. -Y subir el muro.

Eso es lo importante.

Cuando crezca el niño, será un peligro.

-¿Alguien me puede ayudar? -Sí, yo.

-Usted no, me refería... -¿A un criado? Si estoy yo.

-Vaya.

-En este país solo se puede ser una cosa, ¿no?

-En este país, como en todos, solo hay buenos y malos.

-Usted tiene razón.

Como en todos los bandos.

Gracias.

Uno que piensa como tú.

Que un señorito no dejará de serlo aunque se remangue la camisa.

-Pues sí, lo creo firmemente.

-Quizá ese sea el problema, que lo penséis firmemente.

Sin dudar, como los curas.

-¿Siempre es así?

Siempre.

Me lo tendrías que haber dicho.

¿Cómo te has enterado? Eso no importa.

Tú ya tienes bastantes problemas.

Y ahora no es fácil verte.

Sería mejor rendirse.

Así os dejaría en paz a todos.

Prométeme que nunca te rendirás, que seguirás luchando...

...para librarte de él.

Vamos a demostrar...

...que te casaste con un asesino, y la Iglesia anulará tu matrimonio.

¿Cómo?

No hay pruebas.

Y si alguien sabe algo, calla por temor a Gonzalo.

A veces hay razones muy poderosas para el silencio.

El miedo.

El miedo por uno mismo.

Pero yo también tengo miedo por mí.

Mucho.

Y por ti.

Si mañana te pasa algo...

Cada tarde...

...vengo aquí...

...y pienso lo que podría haber sido mi vida...

...mi vida contigo.

Yo soy un hombre de fe.

Y sé que mañana volveré a estar aquí.

Y estaremos más cerca del día en que dejes de ser su mujer.

Tú también tienes que tener fe.

Yo creo en ti.

Qué hombre más cabezota.

-¿Quién? -Justo.

Es que no lo entiendo, si es que no pasó nada.

-Son cosas de amores, siempre ha sido así.

Y los dos sois muy burros.

-Yo ya no sé qué hacer.

-Pues está claro: cuando veas a Justo,...

...le plantas un beso...

...de esos que se dan en las películas, como el que te dio Julio.

Bueno, perdona.

Ya me entiendes.

-Creo que lo mejor es que le pida perdón.

Uno de los dos tiene que ceder.

-Pues sí.

Bueno.

Esto ya está.

Así que yo me voy a...

Me voy a por perejil, eso.

-Oye... -Justo...

-Dime. -Que...

No, empieza tú.

-Quería decirte...

...que es mejor que dejemos el noviazgo.

-Me quitas un peso de encima.

Porque yo quería decirte lo mismo.

¿Has pasado un buen día?

No muy bueno, la verdad.

Yo tampoco.

Me he enterado de que mi mujer ha abusado de mi confianza.

No sé a qué te refieres.

Por favor.

¿Podemos evitar el trámite de hacerte ver...

...que sé lo que has hecho?

Tus perros me han seguido.

No lo hubieran hecho si no hubieras sido tan indigna.

No soy tu prisionera. No.

Solo eres mi mujer.

A mi pesar.

Pues vas a comportarte como tal, y como marquesa de Castro.

Se acabó el visitar a delincuentes.

¿Tú te atreves a decir eso?

Por mucho que intentes...

...demostrarlo, él no es un delincuente.

Victoria. Ya quisieras ser honrado como Ángel.

¡No pronuncies su nombre...

...en esta casa! No lo vuelvas a hacer.

Tú todavía no te has enterado.

Comerás con tu marido y cenarás con él.

Y no saldrás de esta casa sin él.

Mañana, en el casino, serás la esposa ejemplar y parecerás feliz.

Yo no tendré que fingir, ¡porque ese cura habrá salido de nuestras vidas!

No me grites.

No me grites.

Llora

Gonzalo.

Te advierto una cosa.

Si le pasa algo,...

...no te perdonaré nunca.

Nunca.

Te permites el lujo de defenderle y solo tienes una carta a tu favor.

Que todavía me importas.

No quemes esa carta, te lo pido por favor.

Porque, te lo advierto, la paciencia y el amor tienen un límite.

A mí no me han dicho nada.

-A mí ya me ha llegado el aviso, y a Paco, y a Ventura.

El marqués nos va a machacar.

-Tú no estabas, ¿cómo te van a reconocer?

-Ventura, deberías largarte, y no solo tú.

-¿Acaso van a huir ellos?

¿Qué hemos hecho?

Defender a un compañero. -¿Quién habla de justicia?

-Yo.

Y nos vamos a quedar.

Huir sería reconocer que no hicimos lo correcto.

-No nos servirá en el penal. -Pero qué penal, hombre.

Mañana es una rueda de reconocimiento, ya veremos qué pasa.

Yo estoy tranquilo, y vosotros deberíais estarlo.

-Vamos a preguntarle a Salvador. -Déjale.

Ese cada vez se entera menos de nada.

-¿Qué es?

A las fulanas, ni agua.

-¿Hasta cuándo aguantaremos que el marqués decida?

-Hasta que él lo decida, ¿o me vas a defender de sus hombres?

-Sí, te defenderá.

Y yo, todos te defenderemos.

No dejaremos que nos pisoteen.

-Esta es mi casa.

Y aquí se vende a quien yo quiero.

Faltaría más.

Teníamos un pacto.

Un pacto, recuérdame lo que dice.

Ah, sí, yo me quedo de brazos cruzados mientras me la juegas.

¿Qué quería Victoria? ¿Qué le has contado?

Nada.

Tararea una nana

Tararea una nana

Tararea una nana

No te preocupes.

La cadena me ha dado un poco de alergia.

Mañana ya no se notará.

¿Dónde has estado?

¿No me lo vas a decir?

-He bajado a la cantina a conseguir comida, es lo que hago estos días.

-No sé qué haríamos sin ti.

Todo lo que tienes de bueno lo tienes de cabezota.

-No es que sea bueno, es que me ha ayudado mucho.

Es trabajadora, no le gusta la casa.

-Si es trabajadora, le acabará gustando.

A mí tampoco me gustaba, y mira.

Aunque, bueno,...

...yo nunca he hecho las cosas por gusto.

Me alegra hablar contigo.

Bueno.

Venga, que ya es muy tarde, a la cama.

Tú también, que eso no corre prisa, a dormir.

-Ahora voy.

-Venga.

Qué buen día hace.

Voy a abrigarlo para salir al jardín.

Adelina dice que le debe dar el sol para que se le quite el amarillo.

Vengo a decirte algo.

Debe de ser algo importante.

Las conversaciones que empiezan así me ponen nerviosa.

He recibido un telegrama.

Es sobre Alejandro.

¿Qué ha pasado?

Habla.

Le han condenado a muerte.

Pero...

Pero eso no puede ser.

No ha hecho nada.

Se amotinó con un grupo de presos.

Y mataron a un guardia.

Eso es mentira.

Jamás haría una cosa así.

Ya sé que es mentira.

Tengo que ir a verle, algo podré hacer.

Ya no puedes.

La sentencia se cumplirá inmediatamente.

Lo siento.

Y ya que las razones que me llevaron a tal acción no las disculparían,...

...no las explicaré justificándome.

¿Dónde está ese hombre? Sal a ver si lo han traído.

Me arrepiento de mi acción, y yo mismo condeno mi falta.

¿Debemos entender que esto...

...es su acto de contrición?

Cada día pido perdón a Dios por mis pecados.

Cómo no voy a pedírselo a los hombres.

Marqués de Castro,...

...representa a los que falté, le muestro mi arrepentimiento.

Y le pido...

...el perdón, no la clemencia, de todos ellos.

Solo espero que la justicia sea menos benévola que yo.

Ya es suficiente.

Que pasen el resto de sospechosos.

Vamos a iniciar el reconocimiento.

Que pase el testigo.

Señores,...

...cuando los alguaciles han ido a casa del testigo, estaba vacía.

Lo han visto en la estación...

...a primera hora de la mañana.

Buenos días.

-¿Qué quieres?

-Hablar contigo.

-¿Y de qué tenemos que hablar? -De Vicenta.

-Habla rápido, tengo mucho que hacer.

-Lo que viste es culpa mía, no sabía que estabais comprometidos.

Si te enfadas con alguien, hazlo conmigo.

-Yo contigo no tengo nada.

-Vicenta me ha dejado todo claro.

Y yo lo acepto.

Ella te quiere a ti.

Me ha pedido que no vuelva.

-¿Qué haces aquí?

-Ha venido...

...a hablar conmigo.

-Pues la próxima vez, quedáis en la cantina.

-Ha venido...

...a felicitarme por la boda.

Y yo se lo he agradecido.

¿Qué me dices?

-Que sí.

-Alabado sea Dios.

-Os haré...

...el mejor regalo.

-Vamos a tomar un vinito para celebrarlo.

-Son las 11 de la mañana.

-Bueno, mujer, un vinito dulce.

Brindar con agua trae mala suerte.

-Gracias, Julio.

-Lo que sea por verte feliz.

Victoria, se nos hace tarde.

¿Qué has hecho?

¿No te gusta?

Sabía que te sorprendería.

¿Te has vuelto loca?

¿Como Catalina e Irene?

No, Gonzalo.

Yo no estoy loca.

Sé muy bien lo que hago y por qué.

¿Nos vamos?

Música

Espero que no te haya costado mucho.

-Déjalo ya. ¡Raquel!

-Hola, estás guapísima.

-Muchas gracias.

-Unas piernas un poco flacas para enseñarlas tanto, ¿no?

-Tienes la mujer más hermosa.

-Se me ha olvidado el discurso en casa.

-No estamos aquí para oírte sino para aplaudirte.

-Por fin el siglo XX ha entrado en su casa.

-Y el XXI también.

-Tenemos una delegada a la altura del cargo.

-"Voilà".

Mi obra maestra.

Tose

-¿Y Victoria?

-Llega tarde, algo que me parece bastante desconsiderado.

Ahí está el marqués.

Isabel.

Estás...

...realmente radiante.

Hermosilla.

Victoria me pide que la disculpes, una disposición.

Espero que no sea grave.

-¿No va a venir?

Me temo que no.

-Gracias, señores y señoras, por su asistencia.

No les aburriré con un discurso largo.

Es breve, pero claro, lo que tengo que decirles.

Iniciamos un momento en el que pocos pasos marcarán nuestro objetivo.

Primero, orden.

Después, orden.

Y, para finalizar,...

...orden.

Aplausos

¿Ocurre algo?

-Un incendio en el astillero. Parece un atentado.

-Tranquilidad, señores.

-Vamos.

¿Te vas?

¿Adónde?

Aún no lo sé.

No quiero que os falte de nada.

No te preocupes, ya nos has ayudado bastante.

Podrías pensar en quedaros unos días más.

Los que veas necesarios.

Eso no puede ser.

Lo que temía que llegase este momento.

Lo siento.

Siento no haberte podido dar más.

No ganamos nada pensando en esas cosas.

Hemos hecho lo que hemos podido.

¿De verdad lo crees?

Aunque mis pensamientos me hagan la persona más ruin de este mundo,...

...mis actos han sido limpios.

Necesito que me perdones.

¿Qué tengo que perdonarte?

Quererte tanto.

Tanto, que no puedes imaginarte.

Tanto, que he llegado a pensar que si Alejandro no estuviese...

¿Crees que los pensamientos pueden determinar lo que pasa?

Si eso que dices es verdad, no tienes la culpa.

La tengo yo.

Por no haber sabido quererle tanto como te he querido a ti.

¿Qué dices?

¿Ves por qué tengo que irme?

No puedo vivir con esta culpa.

¿Me quieres?

Eso ya no importa.

Si tú me quieres, nada puede separarnos.

Pablo.

Te quiero.

Te quiero mucho.

Encarna llora

No te vayas, por favor.

Te quiero tanto.

Te quiero.

Te quiero.

No me esperabas. ¿Qué quieres?

¿Sabes?

Siempre me ha obsesionado el orden,...

...que cada cosa ocupase su posición,...

...que cada quien supiera el lugar que le corresponde.

Yo sé dónde está el mío.

Sí, eso es muy cierto, tienes toda la razón.

Pensaba que no sabías por dónde andabas.

Pero ya veo que lo tienes claro.

Y por eso te pido perdón.

Pensaba que eras insignificante,...

...uno al que se le hace un favor siendo cura.

Pero jamás pensé que pudieras ser una amenaza,...

...alguien que consideraba un insecto.

Yo solo quiero salvarla de ti.

Te importa Victoria, ¿verdad?

No piensas en otra cosa.

No es cierto. Tanto como que el día es día.

¿Y sabes por qué lo sé? Porque ella a mí me importa.

Tanto que cometo el error de cerrar la única puerta para recuperarla.

Y esa es mi equivocación.

Pero en el momento de que mi mujer deje de importarme...

...tú estarás muerto.

Al final,...

...no eres más que un asesino.

Qué triste, ¿no?

Sí.

Y tú, un cura.

Que no se te olvide.

Está empeorando.



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